Tanned Tin 2010: la crónica

Allá que nos plantamos en Castellón para disfrutar de nuestro primer (ya era hora, por cierto) Tanned Tin. Hospedados a dos minutos del Teatro Principal, estábamos deseosos de descubrir las maravillosas propuestas, en su mayoría desconocidas para nosotros, de esta edición.

Un festival de invierno, sin los sudores del FIB. Un festival pequeño, sin las colas del Primavera. Un festival en un precioso y comodísimo teatro, donde todo se ve y se escucha a la perfección, y donde el público guarda el silencio necesario. Un festival con dos bares, uno dentro y otro fuera, con bocadillos estupendos y cervezas a 1,80€, con fruta y gominolas gratis…

Estas son las andanzas de Maiquel_nait, Acid Queen, y la Gatita Norte, en el Tanned Tin de este año.

JUEVES

A duras penas, y con bastantes prisas llegamos al primer concierto del Tanned Tin, del único grupo español que tocaba en el teatro. Cuando nos aposentamos en el palco, Mcenroe estaba ya empezado, pero al menos pudimos disfrutar de un buen número de canciones, todas de “Tú nunca morirás”, su último disco. Desde la intensidad de “Cuando suene This Night” o “Tormentas”, al intimismo absoluto de “El Alce” o la crepuscular “Naoko”, con la que terminaron. Con un muy buen sonido, formato banda amplia, buena voz y grandes canciones. De lo poco que pudimos cantar en todo el festival.

Luego nos sorprendió que Lacrosse, el grupo pop más hipervitaminado y saltarín del cartel actuara tan pronto, pillando algo frío al público. Así lo vieron ellos también, que no pararon de pedir a la gente que nos levantáramos y bailáramos, lo que consiguieron a medias, aunque sí se montó buena fiesta tras los primeros acordes de su hit, “We are kids”. Al estilo de otras bandas amplias y acelaradas, como Los Campesinos o Black Kids, pero con un toque pop muy sueco, y sonando compactos y ensayados. Además resultaron simpáticos y la cantante nos ganó gracias a su estilismo, con una pequeña cabeza de ciervo, cuernos incluidos, a modo de tocado. Vamos, que nos lo pasamos teta.

Con el vinilo de Lacrosse bajo el brazo, el siguiente directo nos desconcertó. El contraste resultaba muy curioso en la persona de David Thomas Boughton. Si al principio parecía un cara dura reventando con torpeza sus propias canciones, al final nos pareció un personaje cargado de sentido del humor, que sabía combinar muy bien unos preciosos temas, una voz poderosa entre Antony y Elvis, y una guitarra creativa, con el surrealismo infantil de quien se quita un sueter y sigue cantando antes de sacar la cabeza, o nos regala un concierto de alarmas electrónicas pulsadas a dos manos. Todo un personaje cuyo atractivo nos llevó a salir corriendo al pasillo a comprarnos el cd que él mismo nos firmó. Hasta guapo era y todo.

El bajón llegó después. No sabemos si en Arborea pesa más lo sublime o lo pretencioso. Lo cierto es que ella tiene una de esas voces tipo Enya, que de tanto derrochar sensibilidad y misterio, acaban provocando la necesidad de levantarte del asiento, subir a escena y darle un bofetón. Como quien apaga el despertador cada mañana. Menos mal que pronto llegaron Dean & Britta, quienes hacían doblete por partida doble: doblete porque tocaban de nuevo el domingo, y doblete porque ya tocaron en las fiestas de presentación del Tanned en Madrid y Barcelona. Y la verdad es que la organización puede estar tranquila, ya que son una apuesta segura. No son los mejores músicos del mundo ni los mejores cantantes, pero tienen oficio y se les nota compactos y compenetrados con la banda. Pop-rock independiente americano de los noventa, sonando en 2010. Quizá les faltó algo de alma, pero tampoco es su género el que a priori más nos gusta. Lo cual no quita que como concierto fuera más que correcto y ella nos pareciera guapísima.

Aunque para apuesta segura, la de The Wave Pictures. Otros que no paran de girar por aquí, que ya hemos visto o podido ver varias veces, y que pueden dar algo de pereza por repetitivos… pero que luego no te cansas de ver. De nuevo aparecieron tan jovencillos, tan humildes, tan como buenos chicos,… y tan buenos músicos. Seguimos flipando con lo bien que tocan, y lo fácil que lo hacen. Alternaron momentos más reposados (los más) con momentos más enérgicos (los mejor recibidos, a esas horas), celebramos juntos el cumpleaños del cantante (27), y nos obsequiaron con dos canciones nuevas, nunca tocadas en público. Después se hincharon a vendernos y firmarnos discos, y el viernes tocaron en acústico en el piso de arriba, saliendo más a hombros todavía. No fallan los tíos.

Y de la juventud a la veteranía. Feliz y espectacular reencuentro de los Giant Sand, esta vez con una buena excusa: reproducir el clásico de Johnny Cash “At San Quentin”. Temazos bien interpretados, con gran sonido y excelente vocalista femenina haciendo de June Cash. Comenzaron al abrigo de una proyección, una grabación para televisión donde la banda tocaba sobre la voz de Cash. El único pero, fue que la proyección continuó a su aire, y ajenos al espectáculo de los Giant Sand, comenzaron a desfilar invitados de la época con estilismos imposibles, que hacían inevitable estar más pendiente del vídeo que de otra cosa. Inolvidable la imagen de la que suponíamos fue la madre de Cash, pero que ha resultado ser la suegra, toda de negro en plan Bernarda Alba, con cara de pocos amigos y tocando un arpa tradicional. No pudimos evitar reír como si nos hubiéramos fumado un porro de dos papeles. Pero el concierto muy bueno. En serio.

A Aidan Moffat nos lo perdimos porque el sueño pudo con nosotros. Esto de irse de festival habiendo trabajado se paga.

VIERNES

Tras unas compras por Castellón (alguno se dejó el salario mínimo en Discos Medicinales), llegamos tarde y tuvimos que dar tres vueltas para encontrar la puerta de la sala Opal, un salón de eventos con cierto estilo donde la cerveza costaba 4€ pero con derecho a buffette. Nos perdimos el concierto de laúd de 24 cuerdas de Jozef Van Vissem, y pasamos bastante del de Jason Urik. A quien si vimos fue a Sir Richard Bishop, con su virtuosa guitarra que sonaba como tres guitarristas tocando a la vez y su preciosa versión del “She loves you” de los Beatles. El homenaje a Jack Rose, el guitarrista de Pelt fallecido el pasado diciembre, consistió en una preciosa pieza interpretada por tres músicos (Van Vissem, Bishop y el guitarrista de Arborea). Fue bonito, sí. Y nos fuimos a dormir la siesta.

La noche del viernes comenzó con Ecstatic Sunshine, un tipo despeinado, creando bucles de guitarra y con un teclado, varios pedales y aparatitos con los que hacia ruidos y cosas. Un pesado al que no acabó de funcionarle el invento por mucho que cambiara todas las clavijas de agujero varias veces.

Bien diferente fue el sorprendente Yann Tambour, con su último proyecto Thee, Stranded Horse. Canción de autor de alta sensibilidad acompañada por una espectacular guitarra africana, la kora, que emite deliciosos sonidos y convierte las canciones en hipnóticas. Curiosa belleza, y todo un placer disfrutar de semejante exquisitez. Todo lo contrario a Picastro. Posiblemente la gran tomadura de pelo de este festival. Esta chica ni canta, ni toca (la guitarra de pena, oiga), ni nada. Si no llega a ser por los arreglos del cello que le acompañaba, no hubieran parecido ni canciones. Aunque lo mejor fue cuando se sentó frente a un precioso piano de cola con cara de no haber visto tantas teclas juntas en su vida, y provocando de nuevo esa necesidad de subir liarse a bofetones con una pretenciosa “cantante”, que quiere ser Cat Power, pero no duraría ni dos minutos en una misa parroquial.

Y del blanco al negro y vuelta otra vez. Lo de Callers fue de lo mejor del festival. Desde Brooklin, llegó un trío de jazz contemporáneo, con un repertorio excitante apoyado a partes iguales en un percusionista creativo, una voz maravillosa y poderosa de gran labor interpretativa, y un guitarrista capaz de sacar sonidos corrosivos pero delicados hasta llegar al éxtasis. Por supuesto, corrimos a comprarnos el cd, que firmó amablemente Sara, la cantante, quien por cierto hablaba muy bien castellano. Al día siguiente, coincidimos desayunando en un bar cercano y no pudimos evitar acercarnos y conseguir la firma de los chicos. Encantadores, y a Don, el batería monísimo, hubo quien se lo hubiera llevado puesto.

Menos mono era Luke Haines, el cantante de The Auteurs, se presentó en el Tanned Tin en solitario con su guitarra. Algo que parece que no le acaba de convencer o no acaba de estar cómodo con ello, porque no paró de bromear, diciendo cosas como que tocando con banda ese acorde queda genial y allí sonaba ridículo, y similares. La verdad es que derrochó talento, y sobre todo cercanía y simpatía, presentando las canciones, contando historias o simplemente hablando con el público. Su propuesta fue más pop y alegre que la de la mayoría de “solistas con guitarra” que poblaron el cartel, y se agradeció en parte. Si prohibieran los pedales de loops se cancela el Tanned Tin, por cierto.

Y de un componente de grupo en solitario a otro. Robin Guthrie era el álma máter de Cocteau Twins. Ahora gira en solitario, y lo que hace viene a ser lo mismo que en su grupo, pero sin voz. Resumiendo, una electrónica tranquila, muy paisajista, creada a base de loops y líneas de guitarra cristalina, un par de ruidos o sonidos de fondo, y de vez en cuando una ligera percusión sintética. Y adornado con bonitas proyecciones, aunque no acabadas de compenetrar con la música. Sonaba bonito, muy relajante, pero también algo desubicado, lineal (pese a que las canciones eran cortas, la verdad) y en cierto modo soporífero. Más de uno aprovechó para darse una cabezada en las cómodas butacas del Principal, o tomarse una cerveza o cenar a su salud. La foto obviamente no es de él, porque salieron todas oscuras, por no decir negras (lo que ayudaba también a dar unas (modernas) cabezadas), así que hemos puesto la de los Wave Pictures en acústico en el segundo piso, que fue justo antes de su concierto.

Y llegó la caña. The Third Eye Fundation era uno de los platos fuertes del viernes, y por lo tanto, del Festival. La verdad es que al conocerse la ausencia de Yann Tiersen dio un poco de bajonazo, pero bueno, como tampoco sabíamos lo que íbamos a ver, pues tampoco nos echamos las manos a la cabeza. Así que entramos, y vimos a los cuatro componentes, con Matt Elliot a la cabeza, frente a sus cacharros, sus Macs y una pila de instrumentos dejados caer por todas partes. La premisa del grupo es desde luego atractiva, esto de crear música electrónica sobre la marcha, a ocho manos, y añadiéndole capas creadas y tratadas al momento con instrumentos reales. Lo que pasa es que aquello no llegó a funcionar, ni como música electrónica, ya que las canciones no acababan de explotar por ningún lado, los ritmos no acababan de ser claros, sólo hubo un par de momentos donde sonó una canción de verdad, ni sobretodo lo de los instrumentos reales, ya que aquello no solo era improvisado sino que además lo parecía; y hubo momentos bochornosos, sobretodo por parte del tipo de la izquierda, al que no le sonaba nada a la primera y se puso a tocar percusiones sin que sonaran, y luego lo hacían desacompasadas, cuando lo hacían, lo cual es absurdo, claro. En fin, que sigan ensayando y dándole vueltas, que aquello hizo aguas y allí había músicos muy buenos.

Y el viernes terminó con Sleep Whale, un grupo americano nacido a partir de otro grupo, MOM, al que se añadieron músicos para enriquecer las canciones y sobretodo el directo. Sleep Whale hacen una especie de folktrónica mezclada con canciones oscuras, de corte experimental con ecos y vocoders. Esto es, una electrónica no muy acelerada hecha a base de percusiones reales, guitarra acústica e instrumentos de cuerda, que se aceleraba y enrarecía en ciertas ocasiones, generalmente en las canciones cantadas, donde además distorsionaban la voz. Ojito a la “noria-de-campanillas-de-colores”, en breve auguramos que será lo más, dejando atrás al xilófono, la melódica (o soplanillo) e incluso el ukelele. Casi hubo muertos cuando sacaron los vinilos para venderlos. El hombre flipaba de lo rápido que le desaparecieron. Para que luego digan de la piratería en este país. Por supuesto, conseguimos dos.

SABADO

El sábado nos volvimos a acercar a la sala Opal, a ver qué tal los conciertos, y a comer de paso. Cuando llegamos ya habían comenzado Ching Chang Song, un grupo que apostamos dará que hablar este año y/o al que viene. Son una banda pequeña, de Brooklin, que tiene tres grandes características que los hacen irresistibles: unas canciones a medio camino entre el pop y un toque como balcánico, que le da una riqueza y un punto divertido a las canciones; una vocalista pequeñita, gordita, que llena el escenario con su simpatía, su enorme sonrisa, su presencia, y sobre todo su gran voz, que queda estupendamente con la de su compañero a los teclados; y para terminar, un aspecto que les hace curiosos y sorprendentes: ella toca… el serrucho! Pero no en plan “voy a hacer ruido”, sino que es capaz de sacar melodías que embellecen y acaban de dar el toque genial a las canciones. Tocaron unas cuantas canciones (más tarde volverían a triunfar en un acústico en la segunda planta del Teatro) y nos dejaron a todos con la sonrisa en la boca y ganas de más. Al resto de actuaciones no les prestamos mucha atención, la verdad. Jamie Stewart (de Xiu Xiu) comenzó muy a lo jebi (él sólo, tocando una nota de la guitarra y dejando silencios entre nota y nota). Lo mejor de su actuación fue que la gente pidió silencio… y la enorme sala repleta de gente se calló. Inaudito. Nosotros preferimos salirnos fuera y tumbarnos al sol y de paso no molestar. Una vez terminado el concierto, entramos a comer (mismo menú que el día anterior, esto hay que mejorarlo), y tras ver sentados medio concierto de Joe Pernice (de los Pernice Brothers), también él sólo con su guitarra, nos retiramos a descansar, hacernos un carajillo “cremaet” y coger fuerzas para la noche.

Ya en el teatro, todo comenzó con el estupendo cantautor sueco Kristofer Aström, quien acompañado únicamente de su solvente guitarra ofreció un interesante concierto de primera hora. A destacar su deliciosa versión del clásico de Frankie Goes To Hollywood, “The Power of Love”. Muy bueno.
La noche continuó con los desconcertantes Sea of Bees. Pop-folk desde California, con bonitas canciones y la preciosa voz de Julie, aunque presentadas en formato de trío (guitarra básica, bajo simplón y batería correcta) al que le quedan muchas vueltas por dar y muchos ensayos si quieren estar a la altura de su loable propuesta. A destacar la actitud de la cantante, que al parecer se pensaba que estaba en un recóndito lugar donde no se podía hacer entender, e intentaba cómicamente gestualizar los títulos de los temas que introducía sin atreverse a pronunciar palabra. Suena absurdo, y fue absurdo. Incluso llegamos a pensar que era algo retrasada, aunque pronto descubrimos que efectivamente tocaba por primera vez fuera de casa, y con una banda montada para la ocasión. Entrañable.

También resultó interesante la propuesta de Richard Buckner. Cantautor de voz poderosa, con temas en clave folk-rock, arropados en su extraordinaria guitarra y el manejo de los bucles grabados en vivo, con los que creaba espectaculares crescendos de intenso desarrollo al finalizar cada tema. De esos conciertos en que te quedas con ganas de ver una gran banda de acompañamiento a la altura del protagonista.

The Wowz fueron una de las grandes sorpresas del festival, y posiblemente uno de los grupos que veremos por aquí de nuevo, y veremos crecer a base de visitar el país y sus festivales. Son una pequeña banda, también de Brooklin, que para algunos conciertos comparten componentes con Ching Chang Song (parece ser que la cantante de unos y el batería de otros son pareja). Aquí lo hicieron, y desde luego que se deberían plantear hacerlo siempre, porque seguro que las canciones crecen, tanto en instrumentación (ese serrucho con arco ahí de nuevo) como en calidad vocal y armonías. Porque esta es una de las palabras que mejor los define, ya que su música bebe muchísimo de los momentos más melódicos de los Beatles y el pop de los 60. Canciones de letras fáciles y agradables, mucho juego de voces, mucha melodía pop, y mucha atmósfera de buen rollo consiguieron que el Teatro al completo se rindiera a sus pies.

Un problema de logística (estos tipos compraron unos billetes de vuelta que no les permitían llegar a tiempo al aeropuerto si tocaban a última hora, como estaba anunciado) hizo que tuviera que cambiarse el orden, y con él el crescendo de las propuestas que había programado la organización. Así que tras la candidez y las dulces melodías vocales de The Wowz, nos encontramos ante la mascletá de unos tipos de impronunciable nombre: los DD/MM/YYYY. Su propuesta se basa en coger el “sonido Pichtfork” (ruido, ritmos brutales, distorsión, desarrollos largos, experimentación…) y mezclarlo con el punk. La verdad es que consiguieron que a media actuación no nos parecieran unos papanatas tocando mal pero muy alto, ya que lo llevaban todo muy ensayado, muy preparado, y su show fue un continuo crescendo en cuanto a calidad y buen hacer. Con un par de momentos más hardcore de los 90 y punk que hicieron temerse lo peor, tocaron tres canciones finales de escándalo, para ganarse el aplauso generalizado. Lo mejor era ver tocar la percusión tan sincronizados (eran 2 percusionistas tocando la misma batería), creando unos ritmos brutales pero no machacones sin más. Seguro que vuelven en breve por aquí; para altas horas de la noche son una buena alternativa.

Aunque quien hizo las delicias de los fans más talluditos fue Dean Wareham. Con la bella Britta y toda su actual banda, repasó lo mejor de su repertorio con Galaxie 500. Una ocasión única para quienes no conocieron a la mítica banda post-punk, y para disfrutar de un buen montón de canciones redondas, que aunque interpretadas con un sonido menos oscuro y atractivo que el original, resultaron haber superado de sobra la prueba del tiempo.

A Savage Republic no los conocíamos de nada. Fuimos a ver qué tal, sobretodo cuando empezó a sonar como un trueno desde el segundo piso, justo cuando Ching Chang Song terminaban su acústico, y allí que fuimos corriendo. Y nos encontramos a un cuarteto ya de cierta edad, haciendo un post-hardcore acelerado y con toques de punk (de hecho son de California) a un volumen brutal. Alternaban canciones cantadas, más punkarras y aceleradas, con temas instrumentales más evocadores, más post-harcore que nos gustaron más. El batería era una máquina tanto de velocidad como de calidad y precisión, y tenían un enorme bidón de gasolina en la parte de delante, que utilizaron para aporrearlo (con gusto) y complementar a lo bestia a las percusiones. Pues eso, que ya los conocemos, y tras esta demostración de energía y calidad, ya somos fans.

Los cambios de horario ya comentados llevaron a L’Altra a cerrar el festival de este año. Y si bien no decepcionó, no entusiasmó. El pop precioso y preciosista de los canadienses no es una fácil propuesta, y esa eterna búsqueda de la belleza absoluta es peligrosa, porque si no epata, deja frío. Por eso Prefab Sprout es una joya, y a L’Altra le falta un algo. Quizá porque aparecieron sin la electrónica ni los efectos que crean esas atmósferas tan atractivas de sus discos. Pese a todo, resultó una delicia su espectáculo y mereció la pena esperar hasta última hora.

DOMINGO

Y el domingo nos acercamos a la sala Opal para ver a The Clientele, pero vimos a Mi and l’Au. La exmodelo finlandesa Mira Romantschuk y el músico francés Laurent Leclère, practican un folk de cámara, extremadamente sensible y asombrosamente hipnótico. Ella, delgada al máximo y de piel blanco nuclear, resulta enigmática, y la frágil combinación de sus voces con la guitarra, el piano y el cello, todo muy sencillo y lento, recordaba a las bellas sonoridades de Satie e incluso Debussy.

En plena recuperación de semejante aparición, y hartos del menú de la Opal, corrimos a zamparnos una suculenta fideuá castellonera, de fideo fino claro, que más falta le hacía a Mira que a nosotros, pero que todavía seguimos recordando entre lagrimones.

El balance final es inmejorable. Hemos descubierto propuestas muy interesantes, algunas de ellas de prometedor futuro, y todo con el encanto de un teatro y una cercanía entre público y artistas, muy especial. También hemos conocido las tendencias de grupos modernos para el futuro. Como hemos dicho, el theremin, el xilófono, la melódica y el ukelele ya están out, ahora lo que se lleva sin duda son los instrumentos de cuerda (el violoncello in on fire), y repetimos, apostamos por la noria de campanitas de colores como próximo must en los grupos molones. Como tendencia en cuestión de ropa, el feísmo llega a los músicos y lo que más se lleva son los jerseys de lana horrorosos con colores y estampados aun más horrorosos. Además te tienen que venir grandes. Entre el público, el complemento que más triunfaba era una cámara réflex digital, a ser posible con un objetivo más grande que tu brazo. Atendiendo a la oscuridad que reinaba en el teatro, y viendo las fotos aquí presentadas, hechas con una compacta loser, se sabe por qué.

Pueden contar con nosotros para próximas ediciones. A poder ser, corregidos y aumentados.

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Comentarios:

Maybelle Carter, la suegra de Johnny Cash. Somos superfans…
aquí

Lo dijo Acid Queen el 04.02.2010 a las 11:05

Ahora se entiende lo complicado que fue el disfrute del concierto de Giant Sand, con la imagen de esta señora planeando sobre nosotros… jajja…

Lo dijo Acid Queen el 04.02.2010 a las 11:11

Pam Pam!!! Orellut!!

Lo dijo Fabreta el 06.02.2010 a las 14:15

Que festival más chulo, para repetir…. eso de salir y que los artistas estén esprandote con los cd´s y los VINILOS a 10 euros, no tiene precio……. y tan cómodo, y tan bonito y suena tan bien y la gente tiene respeto (puedes dejar las chaquetas para guardar el sitio y no pasa nada, nadie la roba ni se sienta encima), puedes ver todos los conciertos y salirte cuando quieras a tomarte una cerve a 1,80…. y menudos bocatas de tortilla con tomate, ay! que hambre…… pues eso, que me he hecho fan y que vuelvo seguro al año que viene….

Lo dijo gatita norte el 07.02.2010 a las 22:04

Extensa y bonita crónica, y buenas fotos.
Se nota que lo habéis disfrutado.

Lo dijo Juancho el 08.02.2010 a las 12:30

Lo dijo Blank Paper el 12.02.2010 a las 14:23

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