Querida Madonna:
Aunque lógicamente lo ignore, usted y yo nos conocemos desde hace muchos años. No dudo que pueda encontrar mayor seguidor de su carrera artística y personal, que este humilde fan, teniendo en cuenta la patología obsesiva que padecen muchos de sus seguidores. Pero tengo todos sus discos menos el ultimo. Algunos, los más antiguos, en vinilo original, y otros en formato cd. Usted me disculpará, tal vez se sorprenda, pero es que yo soy un gran seguidor de su música. Algunos de sus discos están para mí, entre los mejores que jamás escuché. Es el caso de obras ya clásicas como “Ray of light” o “Music”, por citar los últimos de sus mejores momentos.
Yo siempre le he considerado una artista total. No es perfecta en nada, pero hace de todo y de manera aceptable. Incluso fui fiel seguidor de su evolución a golpe de escándalos y reinvenciones sucesivas, con las que se ha creado el mito del que vive.
Le descubrí vestida de novia sobre una góndola en Venecia, me divirtió disfrazada de Marilyn, incluso fui de los que pensó que “Buscando a Susan desesperadamente” era una buena película e “Into de groove” un himno imperecedero del dancefloor, algo que por cierto, sigo pensando. Soporté “True Blue” como pude y por respeto, pese al engendro aquel de “La isla bonita” y el ochenterismo AOR que rezumaba. Enloquecí con “Like a Prayer” y aquel santo resucitado con lascivia y provocación. Era tan fantástico ese disco que hasta salía Prince colaborando. “Express Yourself” se convirtió en otro himno, y “The Blond Ambition Tour” me tuvo pegado al televisor (que lo televisaron todo en directo), como un perrillo a su amo.
Siempre le defendí, Srta. Ciccone, ante quienes insinuaban que usted no era más que un montaje. Montaje sí, pero de su entera invención. Usted se creó a sí misma, y usted se explota hasta exprimirse y resurgir al año siguiente hábilmente reciclada. Pero fue tan fuerte su ego, que le llevó a horrores como “Erotica” o aquel insoportable documental “En la cama con Madonna”. Y como siempre que hace el ridículo, intentó salir a flote con un lavado de imagen en clave adulta, “Bedtime Stories”, que tampoco funcionó. Muchos le dieron por artísticamente muerta, pero yo no, pese a aquel videoclip de pasiones y toreros que casi rozaba el horror de “La Isla Bonita”. Y por si fuera poco, no descansó hasta que se hizo con el personaje de “Evita”, la peor película de Alan Parker, como si el mundo necesitara otra Evita, o usted una Evita para mostrarse serena al mundo.
Reconozco que ahí estuve a punto de abandonarla.
Afortunadamente no fue así. Con “Ray of light” y “Music” tocó su techo creativo. Supo rodearse de talentos emergentes (William Orbit, Mirwais…), oportunos y en estado de gracia. Lo dicho: lo mejor de su cosecha.
Y a partir de ahí todo viene siendo un camino hacia abajo, disco tras disco, aparición tras aparición. No sé si es la edad (la suya o la mía), su conversión en escritora para niños, sus obras de caridad, esa extraña religión suya, no sé… pero ni “Amerian Life”, ni “Confessions on a dance floor” me acabaron de convencer. Como tampoco me convence esa maquinaria empresarial que le envuelve, que factura giras en plan Circo de Sol, y lanza discos absurdos (directos, remixes, dvds) por docenas. Ya no queda nada por vender querida Madonna… y, hasta usted se habrá dado cuenta ya, “Hard Candy”, es una auténtica mierda.
Lo sé, estoy en franca minoría: cuanto peor disco saca al mercado, mayor gira produce para su presentación, y mayor cantidad de público necesita no perderse el acontecimiento. Y en eso no defrauda: la gente quiere espectáculo, y usted es espectáculo.
Es por eso que hoy me dirijo a usted con estas letras, surgidas desde la confusión que me produce pensar que hoy actuará aquí, junto a mi casa, y sin embargo no voy a ir a verla, con lo que usted y yo hemos sido el uno para el otro. Y lo que es peor: casi no me importa. Espero, querida Madonna, que sepa exprimirse al máximo una vez más, y que en ocasiones venideras pueda incluso clonarse para poder actuar en varios sitios a la vez, y hacer más caja. Quién sabe si en una futura y enésima edición de «Papito» pueda usted participar de un dueto.
Tal vez debería ir a verla, aunque solo fuese para despedirme. Pero prefiero ausentarme porque sé que me buscará entre miles de fans de Miguel Bosé y Mónica Naranjo, y no me encontrará, y que en lo más profundo de su fibroso cuerpo de cincuentona, me echará de menos.
Sé que jode, para mí tampoco es fácil, pero usted lo ha querido.
Brutal. Pensé que a estas alturas ya no leería nada así.
Lo dijo elzo el 19.09.2008 a las 01:36