Primavera Sound 2011, otro festival grande.

Una semana y pico después de la finalización del Primavera Sound 2011, ya pasados los días, en frío y reposadamente, me atrevo a dar mi opinión acerca de tamaño evento. Parafraseando a un artículo llamado de forma similar, y escrito por Acid Queen tras la celebración del FIB de 2009, titulo la crónica de lo no musical acontecido en el Festival.
Y es que ambos eventos no sólo han tenido en común el título del Post, sino que en ambos, desgraciadamente, la sensación general ha sido similar. Una sensación agridulce de que a alguien eso se le ha ido de las manos, y que casualmente los que lo pagamos siempre somos el público. Y, de nuevo, cuando se trata de algo que has querido mucho y donde te has sentido muy feliz, pues entonces duele más.

El Primavera Sound se puede decir que ya ha pasado de ser un gran festival a un festival grande. Grande, enorme, difícilmente abarcable. Con más de 40.000 personas por día dentro del fórum; 8 escenarios oficiales más alguno pequeño de patrocinadores; más de 200 bandas tocando durante toda la semana; actuaciones en bares, el metro, el parque central de Poble Nou, el Fórum, el Poble Espanyol y la sala Apolo, y un precio final del abono de 180 euros. Cifras mareantes, y en cierto modo innecesarias, ya que el usuario medio del festival apenas puede disfrutar de la mitad de la mitad de la mitad de lo programado. Y si se es de fuera de Barcelona, la cifra es todavía menor.

La sensación general que queda después del festival es de masificación, y sobretodo, de “se nos ha ido de las manos”. Siendo duros y directos, la organización de este año no ha estado a la altura que se le supone, y mucho menos a la altura del cartel que ha ofrecido a sus clientes. Si en anteriores ocasiones (la más flagrante fue la anterior) hubo problemas de abastecimiento en barras, colas, masificaciones en escenarios que hacía imposible ver conciertos y algunas novedades que más que ayudar participaron del desastre (esas colas con las máquinas de tickets, las entradas con reconocimiento de huellas dactilares,…), en esta la cosa ha llegado más lejos. Un sistema de tarjeta particular ideado para hacer las cosas más simples y aligerar la compra de bebidas y accesos al recinto se volvió en su contra a las primeras de cambio. Tras las debidas explicaciones por parte de la organización, aún no entendemos cómo pensaban que la cosa podría salir bien: probar el sistema el día de antes con menos gente, en otro sitio, bajo otras condiciones, y en un solo día mover todo de sitio, y montar más terminales y hacer que todo esté funcionando antes de las 17:00h para 40.000 personas. Conclusión: cola de 30 minutos para ponerte la pulsera, más cola de casi una hora para vincular la tarjeta “a mano” (cuando había una caseta fuera sin nadie esperando, no se a qué esperaban los informadores para informar sobre ella) más cola de 40 minutos para poder comprar una cerveza, o un agua. El apocalipsis en forma gráfica: miles de personas en un festival sin poder beber una cerveza. La organización a perder dinero a capazos, y los festivaleros a perderse conciertos por poder beber, o a no beber por no perderse conciertos. Y el estrés añadido de no poder ver a Sufjan Stevens si tienes tu tarjeta sin vincular y te tocó en el sorteo entrada para el Jueves. Mal.

Solucionado este problema (varias horas después, con un plan B tan revolucionario como poder pagar en metálico en las barras), el asunto tarjeta ya pasó al olvido, y más cuando nos enteramos (por el twitter de jenesaispop) de que devolvían el dinero ingresado en la cuenta de la tarjeta en las casetas de vinculación. Problema resuelto?
Pues diría que no. Si las tarjetas eran la solución a las colas en las barras, deberían ser tarjetas mágicas, porque el problema en las barras eran las barras en sí, torpemente diseñadas (dos tiradores de refrescos por barra), regentadas (grifos de cerveza cerrados durante muuuchos minutos, jefes de barra que piden refuerzos cuando ya ha empezado el concierto y no antes), atendidas (camareros en número insuficiente y a todas luces principiantes) y sí, de nuevo, problemas de abastecimiento en algunas barras. Así que las colas en algunos momentos fueron más que generosas. Se de sobra que si estoy en un concierto, o justo antes o justo después, lo más seguro es que me encuentre cola en la barra más cercana, pero debo irme a otro escenario para poder pedir tranquilamente? Es esa la solución? Dejar de ver un concierto para poder pedir algo cómodamente? Una barra no funciona bien si no hay cola cuando no hay concierto delante, funciona bien si esa cola es asumible cuando lo hay, o justo antes, o justo después, digo yo. Y más cuando había tanta zona de paso carente de barras para poder pedir mientras nos movíamos por el recinto.
Y como se bebe, hay que deshaogarse. La queja más repetida el año pasado fue la falta de WC’s. Este año, vuelve a ser una de ellas. Para los festivaleros de género masculino el problema es menor, ya que los WC’s “de pie” deshaogan bastante, y además se puede mear en cualquier camino, seto y valla que se precie. Pero para las féminas, la cosa era peor: colas de varios minutos en todos los WC’s, y el recurso final de los setos y las cañas, que el sábado hacían un olor bonico.

Pero para mí el gran inconveniente de la edición 2011 del Primavera Sound ha sido sin duda la masificación y la pérdida de comodidad en el recinto. Este año ese ya no era mi Primavera Sound, el festival donde en mis tiempos muertos descubría nuevos grupos entre tanta oferta. Este año eso era imposible. Pensemos que había como 7000 personas más en el recinto que el año pasado. Había un gran escenario nuevo, pero el resto eran similares a los del año pasado, por lo que los accesos, caminos, paseos, escenarios pequeños y demás estaban más saturados que nunca. Cualquier escenario estaba repleto de gente, era difícil coger buen sitio si no se iba con suficiente antelación. Solución: perderse un concierto por poder coger sitio en otro, y después de ese otro, perderse uno más por poder pedir, miccionar, y desplazarse hacia otro escenario para poder coger sitio. O ver ese concierto desde Cuenca, sin pantallas traseras que acercaran un poco a ese punto blanco que se movía y cantaba. Resumiendo, ver cuatro o cinco conciertos diarios, eso llegando pronto y saliendo tarde. Un pobre resultado para ser el Primavera Sound, y sobretodo viendo el cartel que tenían montado. Con lo que no hemos visto tendríamos dos festivales impresionantes. No sólo con lo que no hemos visto por estar actuando a la vez que lo que veíamos, sino lo que no hemos visto por no poder acceder, preferir coger sitio en otra parte, o simplemente por pereza y por hastío.
A todo esto añadimos problemas de comunicación con el público (no se avisó de nada por pantallas, perdón, sí, de la retransmisión del partido de fútbol desde el escenario Llevant), cero avisos por twitter, facebook y demás redes sociales inmediatas, cambios de horario de última hora no avisados (avisaron el viernes por correo electrónico), cosa que mosqueó incluso a artistas (SMD y Dj Shadow hicieron mención en sus shows) y demás hicieron de esta edición la más incómoda y las más decepcionante de todas a las que hemos acudido, y más (o sobretodo), insisto, teniendo en cuenta el cartel que habían confeccionado.

Con todo esto, entenderéis que lo musical pasó a un segundo plano. Poco importa que Sufjan Stevens sea el Bowie del siglo XXI, que Mercury Rev sonaran de la hostia en el Auditori, que The National demostraran que son una de las bandas del momento, que pudiéramos asistir a un ensayo con público de Animal Collective o a un concierto-performance a lo Canadá de El Guincho, que Low, Fleet Foxes o Mogwai nos pusieran los pelos de punta, o que el regreso de Pulp no pasara de un decepcionante karaoke espacial. Ni siquiera importa no haber podido ver a Deerhunter, PJ Harvey, los Neubauten, Suicide, Belle and Sebastian, y a muchos otros que preferimos no recordar.

Nuestra conclusión es que desearíamos con todas nuestras fuerzas que la organización se pensara seriamente si es necesario seguir creciendo o si se ha crecido demasiado. Creemos que el festival es inasumiblemente grande para los usuarios, y no debe ser fácil de organizar para los promotores. No pasaría nada si se eliminaran 20-30 bandas de la parrilla, y algún escenario, en pos de la comodidad, el evitar solapes cuádruples y la salud mental de los festivaleros. Que el PS se ha puesto de moda es una realidad. Ahora es un festival al que hay que ir como hace unos años lo era el FIB. Eso no es culpa de la organización, que ha seguido fiel a sus criterios a la hora de confeccionar el cartel y los medios de promoción (sponsors aparte). En el PS hemos descubierto decenas de grupos y hemos sido muy felices viendo a otros ya descubierto hace poco o durante años. Desde White Stripes a Portishead pasando por Patti Smith o My Bloody Valentine, desde MGMT a Vampire Weekend pasando por Low o Grizzly Bear, desde Los Planetas o Standstill pasando por Los Punsetes o Lisabö. En un lugar bonito, cómodo con sus peros, pero cómodo al fin y al cabo, y con un ambiente donde se respira música por muchos de sus costados. Eso ya ha cambiado. Y nosotros, por primera vez, nos pensamos si repetir. Todavía es pronto para enunciar lo de “El Primavera Sound ha muerto, Viva el Primavera Sound”, pero nos dolería mucho tener que entonarlo. De todas las formas de morir, morir de éxito es quizás la más desagradable por el punto de despecho que se añade. Organización del Primavera Sound, piensen en su público para la próxima edición. Nos gustaría verlos y disfrutarlos.

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Comentarios:

Yo ya estuve comentando que de este año me había faltado el volverme con esa emoción que tenía otros años. Antes llegabas a casa el lunes, te ponías a hacer repaso y entre las grandes glorias que habías visto más las que habías descubierto tomándote la cerveza de las cinco de la tarde, todo había sido maravilloso.

En cuanto a la gente, yo estuve mucho más agobiada el año pasado. Esperaba un Pulp al nivel de agobio de Pixies o Neil Young, pero no fue así. Y mira que mis condiciones eran bastante concretas.

Lo peor de este año ha sido sin duda el tema de las barras, bebidas y pedir y tal. Yo es que no me creo que un festival que lleva diez años tenga estos fallos. No puedes dejar toda la responsabilidad a la informática, lo digo por el tema de las tarjetas. Pero es que encima, pagar con la tarjeta no era pagar con la tarjeta para una bebida, sino para un ticket que te daría la bebida. Vamos, un paso más e innecesario. Y en la comida ha sido el primer año que he hecho cola…

Y por cierto, lo de los WC que comentas yo no lo sufrí, pero cuestión de suerte, imagino.

Yo sigo confiando en que el año que viene cambie, en que pueda volver con el sentimiento que comentaba al principio, porque el Primavera, incluso este, siempre me ha dado buenos momentos, aunque de esta edición me haya traído algunos menos…

Lo dijo Tecnoyonki el 08.06.2011 a las 14:21

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