Patraix: las Abuelas de la Kale Borroka

No son las Madres de la Plaza de Mayo, ni mucho menos, pero su razón y su ímpetu no les falta. El apelativo, las Abuelas de la Kale Borroka, se lo puso mi amiga y vecina Maria Josep, también del barrio de Patraix en València. Las ve todas las mañanas cuando se va a trabajar. Se trata de un colectivo de señoras mayores, de abuelas, que todos los días, a las 8 de la mañana, haga frío o calor, llueva o truene, se plantan delante de la peligrosísima Subestació de Patraix para protestar y exigir su cierre.

Unas van con sus nietos, camino de la escuela. Otras, con el carrito de la compra, hacen el camino diario hacia el mercado. Pero antes de cumplir con sus obligaciones, dedican un tiempo a mantener viva la indignación del barrio, a reivindicar con su actuación diaria lo que todos los vecinos venimos exigiendo desde hace años: que no se instale en pleno Patraix una planta energética que tantos peligros anuncia para su populosa población, que la lleven a las afueras, donde no haga daño a nadie.
A las 8 de la mañana, todos los días, esperan la entrada de los directivos, los arquitectos, los ingenieros o los trabajadores de la planta, y les gritan (las que pueden) o les insultan (las que aún tienen resuello, después de tantos años de vida). Cumplida su misión, indignadas pero contentas por haber sido fieles a unos principios incombustibles, siguen su camino hacia la guardería donde aparacarán a los nietos o hacia el mercado, a comprar sus patatas o sus alcachofas, o lo que su mísera pensión les pueda permitir.
Para ellas, lo peor han sido las declaraciones de la alcaldesa Rita Barberà (que si no te l’ha feta, te la farà) después de la explosión de la planta que conmocionó al barrio hace un par de días y que dejó a media València sin luz durante casi toda la mañana.
Estaban cansadas, ellas y todos los vecinos, de manifestarse, de suplicar al Ayuntamiento, de ir a buenas y a malas, de rogar, de enviar suplicatorios, de presentar informes académicos sobre el peligro de la planta… sin que la Rita les haya hecho ni puto caso, más que desprecio y acusaciones de subversión y sin que les haya recibido nunca, acusándoles poco menos que de comunistas-come-niños-crudos.
Y ahora Rita les sale con que la culpa es de Zapatero, en una finta político-fantástica similar a aquello de los Polvos Boris (de los que, por cierto, ya nadie habla).

¿No en teniu prou?

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