Hoy es un domingo gris, negro, oscuro y turbio para la música española. Pedro San Martín, bajista de La Buena Vida, ha muerto en un accidente de coche cuando se dirigía hacia Burgos a ver a Nacho Vegas y Refree en concierto.
Comentan quienes lo conocen que enseguida contagiaba con su alegría de vivir, que imponía estar frente a él. Al fin y al cabo era un grande, un enorme de las vidas de todos los indies de España. ¿Quién no ha escuchado La Buena Vida una tarde melancólica en su habitación? O una tarde cualquiera, para qué negarlo. Cualquier momento era bueno para ponerse el Soidermesol o el Panorama.
Cuesta decantarse por una canción. Matinée, Buenas cosas mal dispuestas, Qué nos va a pasar, Un actor mejicano, y hasta la reciente Viaje por países pequeños… todas ellas guardan recuerdos en todos nuestros corazones. La Buena Vida es uno de esos grupos de los que todos guardamos el recuerdo de haber oído una canción en un momento determinado, o junto a cierta persona.
A mí me vais a permitir decir cómo los recodaré yo siempre, y que sirvan estas palabras como humilde homenaje.
El primer recuerdo que tengo fue regalarle a mi hermano para unos reyes el Hallelujah!, el mismo hermano que luego me grabó en un cd de MP3 toda una recopilación del Donosti Sound. Reventé a escuchas este recopilatorio en mi primer coche, con mi primer equipo de música, y en repeat Bodas de Plata, quizá mi favorita. Fue una época muy bonita para mí, por razones personales que no vienen al caso. Pero descubrí muchas cosas, y las descubrí acompañadas de la música de La Buena Vida por encima de todos los demás grupos de entonces. Comprobé que sus canciones son un arma de doble filo: perfectas para llorar si estás triste y las mejores para sacarte una sonrisa si estás feliz.
¿No os pasa que recordáis momentos de vuestras vidas per-fec-ta-men-te sin saber por qué? No pasa nada especial, tal vez te recuerdes tirado en el sofá, sacando la basura o paseando al perro. Y cada vez que lo recuerdas te ves ahí. Pues yo recuerdo perfectamente un recuerdo muy tonto en mi coche, escuchando a La Buena Vida, haciendo algo tan trivial como tomar una rotonda. Cosas de la vida, hoy Pedro San Martín muere en otro coche.
En fin, que todas estas palabras empiezan a perder el sentido. Es sólo que no sé qué decir queriendo decir mucho.
Ya dije antes que costaba quedarse con una sola canción. Pero sirva este ¡Adiós, muchachos! para darle nuestro adiós a Pedro. Descanse en paz, grande.


Yo siempre recordaré de las pocas veces que hablé con él, que una de ellas me dijo que no vivir de la música, aunque el resto del mundo lo considerase una putada, a él le hacía libre. Le permitía hacer lo que quería sin depender de ventas ni de nada. Y luego me describió lo que se veía desde su ventana. Era un grande.
Lo dijo Hum el 15.05.2011 a las 16:14