Marxophone: entre el riesgo y la libertad

El pasado octubre se dio a conocer el colectivo Marxophone, posiblemente la iniciativa más valiente y radical de la historia reciente del pop español. En su manifiesto fundacional, el colectivo, que cuenta entre sus filas con artistas del calibre de Nacho Vegas, Fernando Alfaro o Raül Fernàndez Refree, sienta las bases de su existencia en algo tan sano como cuestionar según qué necesidades y reconocer que “desde hace años, cada vez se nos hacía más complicado perder tiempo y energías en discusiones, dudas y esperas. Innecesarias, agotadoras y casi siempre relacionadas con eso de fabricar discos. No era un problema con los sellos discográficos en general ni con las personas que se encargan de ellos, todas maravillosas, sino con la idea de sello en sí misma. Con su concepto. ¿Está agotado? Sinceramente, ¿es imprescindible tener un sello a estas alturas? ¿Son una ayuda o se han convertido en un obstáculo?”.

Según explica Nacho Vegas en una estupenda columna publicada en el último número de Rock de Lux, la floreciente cultura independiente de los 80, fruto del desencanto social y político, ha sido, treinta años después, absorbida en buena parte por la gran industria discográfica generadora de lucrativos éxitos, contra la que siempre luchó. Y ahora este sistema donde prima el rendimiento económico sobre lo creativo, donde tanto se ha especulado y tanta gente ha hecho su negocio; ahora con las nuevas tecnologías y todo eso, se está muriendo víctima de sí mismo. Pero Vegas va más allá y apunta una comparación interesante: “La analogía con las políticas económicas neoliberales de los gobiernos actuales es fácil de ver, y el resultado es similar: insatisfacción de la población (el comprador de música), y mediocrización del panorama (la escena musical más visible en los medios). Las derechas nunca se han llevado bien con la cultura, a no ser que ésta sea rentable a corto plazo. La diferencia con la crisis económica actual es que, en el caso de la industria del disco, por una vez se impone una especie de justicia poética y parece que quienes la han causado son los que pagarán los platos rotos”. Un punto de inflexión y una coyuntura de según el cantautor asturiano “deberíamos aprovechar para que los sellos independientes vocacionales y los artistas que optan por la autoedición se vuelvan a erigir en una alternativa a las políticas de las compañías multinacionales (o mejor dicho, supranacionales) y de otros agentes (como ciertos grandes grupos de comunicación) más interesados en el mercado y sus leyes que en la música que editan o publicitan”.

Por el momento los artistas de Marxophone (“algo entre Parlophone y la revolución”) cuentan con el apoyo logístico de la productora I’m An Artist. Y pese a que ni ellos mismos saben muy bien si esto es una revolución o una locura, piensan autoeditar sus trabajos discográficos ( “Matilda” de Refree, es el primero de ellos), como una vuelta a los orígenes, como un partir de cero. Entre la libertad y el riesgo.

Os deseamos mucha suerte.

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