Crónica tardía del Primavera Club 2010 Madrileño…

… o el festival más personal de a cuantos he ido.

Porque sí, porque todo festival se vive de una manera propia y crea unos sentimientos y encuentros personales con la música, pero como éste, ninguno. Sobre todo por el límite de aforo de las diferentes salas. Exceptuando la pulserita de tela propia, todas las demás características del Primavera Club no te hacen sentir en un festival. Más bien te sitúan en una ciudad en la que están pasando cosas, en una ciudad en la que ocho salas se han puesto de acuerdo para programar una infinidad de conciertos en sólo cinco días. En una ciudad ideal si obviamos el tema del frío y las distancias. Lo único que hay que hacer es pillarte un horario, un subrayador, un billete de metro, luchas contra la ansiedad del “que no llego, que no llego” y a disfrutar. Y echarte unos sandwichitos en el bolso, claro. Es el festival donde más gente sola he encontrado en los conciertos, donde he visto al público más conectado con los artistas.

Y así pienso hacer esta crónica: con mi visión personal, con lo que he sentido en cada concierto, con mi conexión con la música y las circunstancias en cada momento. Allá van, ordenados de forma cronológica, mis conciertos del Primavera Club 2010 en Madrid. Tomen asiento o léanlo por partes, que es largo.

Con un cantante a medio camino entre Nacho Cano por su forma de tocar el teclado y el cantante de Health por los pelos en la cara, Ganglians daba por inaugurada esta nueva edición del hermano pequeño del Primavera Sound en la sala Rock Kitchen, que pese a las criticas, a mí me pareció que tenía un sonido bastante aceptable. Pillaron al público bastante frío, quizá también porque acabábamos de conocer el precio de cuatro euros por tercio de cerveza y pensamos en la que se nos venía encima con cinco días de conciertos. Pero en cualquier caso, no llegaron a emocionar. Si en las movidas no se movía ni Perry, en las lentas aquello parecía de todo menos un concierto de lo-fi. Cero conexión con el público, cero diálogo. Y aunque estuvo bien para empezar, pues así se quedó. En el bien.

Les siguió Lou Barlow, uno de los must de esta edición, sobre todo teniendo en cuenta que viene de Dinosaur Jr y Sebadoh. Pero daba igual. Creo que sin conocer su repertorio era imposible que emocionara a nadie, sobre todo teniendo en cuenta que toda la parte trasera del público seguía hablando y contándose qué tal. Para mí, era necesaria una intimidad que no hubo para disfrutar de estas canciones de hombre sólo frente a guitarra. A él parecía no importarle, lo dijo varias veces. “Seguid hablando si queréis”. Yo me quedé en los sofás con otra cerveza a cuatro euros compartida.

Cerraron este día Wavves, con un concierto de sólo 30 minutos más un bis. Unos chavales gamberretes y divertidos para hacer un poco el punki. Yo me esperaba más salvajadas, o algo que diera la nota teniendo en cuenta sus precedentes pero se quedó en un montón de movimientos de cuello y el deseo frustrado de hacer un pogo.

El jueves corrimos hacia Charada para ver el shoegaze de Tamaryn. Esta vez las cervezas fueron a cinco euros (cara de horror). Con este tipo de música nunca esperas cuál será la puesta en escena, ya que se trata de un tipo de música muy intimista y que depende mucho del sonido de la sala. Tamaryn supo resolverlo todo de forma notable. Con unas proyecciones bonitas, aunque desaprovechadas en esta sala, y unos movimientos un tanto teatrales de la cantante, consiguieron enamorar al público. Al menos al de las primeras filas, porque cada vez que ella se acercaba con esas piernas, esa voz y esos movimientos, doy fe de que impresionaba lo suyo.

A la salida del Charada, con el primer y único concierto que recuerdo que empezara con cierto retraso, nos movimos hacia el Círculo de Bellas Arte para ver terminar a unos Rural Alberta Advantage que quizás emocionaran a muchos, pero no a mí. En su defensa diré que no pude ver su concierto entero, pero aún así me pareció que abusaban mucho del uuuuuh,uuuuuh. ¿Por qué no me dio esa impresión escuchando el disco? Habrá que seguir la pista de sus directos no obstante.

El chillwave (género del año para servidora) de Small Black terminó con mi segundo día de festival. Aunque al principio me hicieron perder la fe en conciertos de este estilo de música, fueron in crescendo y acabaron haciendo bailar al personal, transmitiendo al público lo que en principio parecía ocurrir sólo en el escenario: diversión y buen rollismo. El cantante llevaba un caracolillo cual Sara Montiel y menaba el cuerpo de una forma que acabo cayendo bien y canciones como Weird Machines o el hit Despicable Dogs hicieron las delicias de más de uno, entre las que me incluyo.

La jornada del viernes ya se presentaba más seria. A las 19.00 me dirigí hacia el Neu! Club llevada por las buenas críticas que había recibido el concierto en Nasti de los finlandeses Rubik. Y no defraudaron. De hecho fue un sorpresón increíble. Si todos los grupos noveles le echaran las ganas que le echan estos en el escenario, otro gallo cantaría. Siete personas encima del escenario haciendo sonar canciones maravillosas, y agradeciendo nuestra presencia en cada pausa con voz temblorosa. ¿Podremos volver a verles en el Primavera Sound?

Tras una breve pausa y la obligada recogida en barra de otra cerveza acompañada con frutos secos (bendita sala Neu!), comenzó uno de los directos más esperados de la edición, Zola Jesus. Menudo chorro de voz que se gasta esta jovenzuela de 21 años, estudiante de ópera. Eso sí, se ve que no le han dado muchas clases de puesta en escena. Se dedicó a moverse de un sitio a otro del escenario cual Chiquito de la Calzada, bajó en dos ocasiones a cantar con el público y aguantó escasos diez segundos, y apareció con la cara tapada que sólo pudo mantener los primeros versos de la primera canción. Tiene suerte de que nos baste con su voz, pero debería cuidar esos detalles de cara a un futuro.

A continuación dudamos entre dirigirnos hacia el funk de Dam Funk, el noise de Frankie Rose o el rockabilly de The Jim Jones Revue. Sin embargo decidimos hacer parada técnica de comida y acercarnos a conocer el stoner rock de Tweak Bird a la sala Sol. Y nos alegramos de nuestra decisión. Dos hermanos de Illinois cuyas fiestas sin padres no quiero imaginar. Borrachos como cubas, con una inside joke detrás de otra y celebrando el cumpleaños del batería entre risas y gestos de vergüenza, apuesto a que sorprendieron a más de uno con sus gritos, sus diez baquetas rotas y las tetillas al aire del cumpleañero. El típico concierto que sólo descubres en festivales. Una alegría, vaya.

Corriendo para llegar al Círculo de Bellas Artes, donde nos esperaban unos Mount Kimbie cuya electrónica tranquilona nos sacó a la antesala a disfrutar de un par de cervezas benditas a tres euros. Mucho mejor estuvo el colectivo canadiense Holy Fuck, con su electrónica capaz de levantar a un muerto y el mejor fin de fiesta para el viernes (si no te quedabas a ver a Los Massieras, como era mi caso). Esta vez no hubo subida de gente al escenario como el jueves, pero sí hubo subidón con su hit Lovely Allen. Se caía la sala de las columnas del Círculo de Bellas Artes, oigan, ¡se caía!

Más fuerte se presentaba todavía el sábado. Y cumplimos, vaya si cumplimos.

Twin Sister era la primera parada, en Charada, con la firme propuesta de coger posiciones para Wild Nothing. Con sus movimientos de hombros espasmódicos, su radiocassette con ruiditos, sus pies descalzos y su versión de I Wanna be Your Lover, de La Bionda, lograron meterse a un público sorprendido en el bolsillo. Mucho método en la voz, parecía la alumna aventajada de las clases de canto de su barrio. Pero mucha dulzura también. Otros a los que seguirle la pista.

Y después uno de los directos más deseados de esta edición, Wild Nothing (sí, más chillwave).Será que lo habían puesto muy sosos en sus directos de Barcelona, será que me parece uno de los discos del año, pero escuchar Chinatown y Summer Holiday fue uno de los puntos más bonitos del festival. Cierto que algo pasa con este tipo de directos, y cierto que quizá se disfruta más siendo fan. Pero a mí me dio la impresión de que todo el mundo allí estaba como yo.

Otro viajecito en metro al otro lado de Madrid, otra parada técnica de avituallamiento, y el concierto del festival, del año y de la vida: Edwyn Collins, el genio. Sólo viéndole aparecer con esos pasitos y bastón, ya se nos salió el corazón a más de uno. Y ahí lo tuvimos, en la mano, hasta que todo terminó. No es sólo que conociendo su historia (dos derrames cerebrales, seis meses sin articular palabra,…) esas letras y ese gesto signifique mucho más. Es que se respiraba clase, elegancia y profesionalidad desde que los músicos empezaron a tocar, antes de que Edwyn apareciera. No es para menos, con Paul Cook (Sex Pistols) a la batería y Boz Boorer (Morrissey) en el teclado y saxo. Pero es que además, su mujer le apuntaba desde la parte de atrás cuando Edwyn olvidaba alguna palabra (incluso tuvo que soltarle un “¡tranquila, Grace!”) y su hijo salió a cantar con él In your eyes; todo quedaba en familia. Y además (si, otro además) tocó Rip it up y Falling and Laughing de Orange Juice y además (otro) cerró con A Girl Like you. El concierto más emocionante de toda la edición. Todavía se me ponen los pelos de punta si lo recuerdo…

La tragedia se mascaba. Los fans de Teenage Fanclub ya habrían cubierto el aforo del Círculo y el precio que había que pagar por haber visto tal maravilla era quedarse en la cola. Nada menos que hora y cuarto que estuvimos a la intemperie, pero merecía la pena. Tanto por lo que habíamos vivido como por lo que íbamos a vivir: el ruidismo de Triángulo de Amor Bizarro y otra maravillosa sesión de Dj Coco.

De los gallegos prefiero no opinar. Demasiado ruido para disfrutarlo desde la parte de atrás. Justo desde allí, todo me pareció demasiada pose, pero no puedo juzgar. Seguro que metida en el meollo se me hubieran saltado los tímpanos. No me preocupa, se que podré volver a verles en alguna ocasión.

Las sesiones de Dj Coco ya son todo un clásico de ambos Primaveras. Es posiblemente el único dj capaz de meter a Black Sabbath después de los Beastie Boys, conseguir que todos los modernos bailen Hot ‘n Cold (en versión The Baseballs, eso sí) y celebren el Smells Like Teen Spirit como cierre. Por no mencionar el momentazo Runaway de Kanye West. De los mejorcitos djs que tenemos, después de nosotros, claro. Jeje.

Y con todo lo expuesto hasta ahora, no sé todavía de dónde saqué las fuerzas el domingo para acercarme a ver a Male Bonding y Beach Fossils el domingo.

Mi cuerpo ya no coordinaba los movimientos con la música, ni siquiera con el temazo Year’s Not Long de los primeros. Además, todas las canciones me parecieron la misma durante todo el concierto. Un poco flojos para ser la sensación del año pero bastante agradables para una jornada de cierre.

Beach Fossils por su parte consiguieron sorprender. Nada que ver con la propuesta de sus compañeros de estilo Wild Nothing. Quizá por ello se escribiera en el pecho el nombre del líder de estos, Jack Tatum, para dejarlo ver solo al final. Mucho más guitarrero de lo esperado y mucha emoción en sus palabras diciéndonos que era la primera vez que salían de los EEUU para tocar. Y la primera vez que yo veía que alguien en lugar de tocar las cuerdas de la guitarra las golpeaba.

Y así llegaba el fin de mi Primavera Club, que Screaming Females ya eran demasié. Me apropio de las palabras del líder de Beach Fossils para terminar con esta crónica larga y tardía del Primavera Club 2010.

Ok. Here we are. The bitter end. That’s what happens. Two more songs.” Y en dos canciones, todo terminó.

En mayo, más y mejor.

Fotos de Lalitaporfavor y Primavera Sound.

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Comentarios:

Menuda crónica! Detallista y completa :)
Felicidades!!!

Lo dijo Pelicano el 07.12.2010 a las 15:02

Muy buena y detallada crónica y envidiable esa ginkana musical que os marcasteis…

Lo dijo farrah el 08.12.2010 a las 00:40

Estupenda!!

No resulta tan larga, se lee muy bien!!

Gracias!!

Lo dijo eL_aBeLo el 08.12.2010 a las 21:55

Toooo muuiii buueenoo

Lo dijo Brendita el 10.12.2010 a las 19:50

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