Crónica FIB 2017 – Sábado

El sábado era el día grande y eso se notaba. Mucha gente desde la apertura de puertas, todo Benicàssim con la camiseta del asterisco de los Red Hot, que acabaría llenando también lógicamente, el recinto.
El día de mayor llenazo de la historia del festival con unas 50.000 personas dentro, que se pudo salvar pero que no debería repetirse muy a menudo, ya que todo estuvo al límite (la capacidad, los accesos, los caminos) sobre todo porque era gente en su mayoría que pisaba por primera vez el festival y “no sabía moverse”. Sin embargo, baños y barras (y camareros y trabajadores) dieron el do de pecho y cero problemas en ese aspecto.

THE STRYPES abrieron el escenario grande frente a un numeroso público ya presente, cogiendo sitio para lo de después. La verdad es que era impresionante ver a este grupo, tan tan joven, y tan sobrados, panda de virtuosos a los instrumentos, con solos tras la nuca y presencia escénica como si hubieran estado 30 años sobre las tablas. Vale, comenzaron a los 16, y se nota. Un par de hits y se comen el mundo. Y algo más de personalidad en las canciones, pero en directo, siempre en mi equipo.
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Marika Hartman se estrenaba en España en el FIB, con una solvente banda, y ropa deportiva. Un pop-rock tipo lo-fi, con mucho punteo, y buenas canciones. Canta bien, toca muy bien y además es activista pro LGTB y tiene un temazo llamado Boyfriend que se sale. Dónde tocará el año que viene? Me la veo en varios festivales.
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Nos fuimos luego a DINOSAUR JR, uno de los grupos que más ganas teníamos de ver, y esperando un muro de sonido y un volumen que tirara de espaldas a tanto público que no sabía qué iban a ver. Y… decepción. Sonido bajo, poco volumen en la voz… parecía que no habían probado sonido. Lo mejor la cara de la gente viendo esos solos de guitarra infinitos tocados por ese señor con la melena blanca al viento, ante las torres de amplis. Y ver al “pipa” doblando guitarras (tocando segundas guitarras, vamos), dándolo todo… escondido tras una torre de amplis.
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Un poco cabreados por el sonido nos fuimos al South Beach encontrando todo lo contrario: LAO RA, una chica muy joven, de origen colombiano viviendo en Londres, cantando canciones de “electrónicas del mundo”, sonando a veces diplo, a veces MIA, con mucho desparpajo, algún temazo (Bang Boom lo es), mucho por mejorar y mucho mucho futuro.
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Y corriendo otra vez, hacia el Visa donde tocaba una de nuestras cabezas de cartel del festival, LA MALA RODRIGUEZ, a la que por fin podía ver en directo. Vino a por todas y se llevó la ovación de la jornada. Nadie esperaba esa repercusión (escenario lleno de nacionales y extranjeros) porque nadie esperaba esa fuerza. La mala es todo fuerza, todo agresividad y todo espectáculo. Y lleva a cuatro bailarinas impresionantes, un show cuidadísimo y una batería de hits de impresión. Recorrido por todos sus discos con highlights como Tengo un trato, La Niña, Caja de Madera o Nananai y ese momento soy la cocinera. Para cuándo nuevo disco? Ovación de gala y casi obligada a tocar un bis. Muy grande.
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Al salir de La Mala ya nos avisan que no se puede entrar en el recinto del grande porque está todo petadísimo para ver a LIAM GALLAGHER, así que como cada año viene uno de los hermanos, nos vamos a cenar y lo escuchamos de lejos. Lleva un set muy chulo y su actitud de siempre. Regular de voz (como siempre), y batería de hits… de Oasis. Toca alguna de las nuevas (aún no ha sacado el disco) pero cuando toca las de Oasis eso se viene abajo. Madre mía cuando se reúnan de nuevo. Tocarán lo mismo, y la gente volverá a ir a verlos. Ojalá barbecho de Gallagher en el FIB 2018.

Lo mejor de Liam Gallagher era irse hacia Surfin Bichos. Poca gente minutos antes de comenzar, y todos talluditos. Normal. EL show comienza y se va acercando más público. Para cuando termina (con fuerte) el recinto está bastante lleno y todo el mundo sonríe, se abraza y suda, suda mucho. Concierto presentando “Hermanos Carnales”, cambiando el orden para terminar con los hits. Pena de no haber podido meter algo al final, pero aún así, la batería “Hermanos Carnales” + “Fuerte” es suficiente. Los talluditos estamos felices.
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Y mientras Pete Doherty, que había estado viendo a los Surfin desde un lado, bajaba para dar la mano a los fans, y hacerse fotos, nos vamos a ver a los Red Hot… y no podemos entrar. Nos van dirigiendo para dar la vuelta por detrás (lo que hacemos siempre), pero aquello es imposible. El concierto empieza y aquello es como verlos en DVD. Muy lejos. Comienzan a lo grande, la gente vibra, el sonido va y viene un poco, hay solos de batería, el escenario es tochísimo, con una pantalla semicircular detrás y varias colgadas… pero no nos vale la pena. Así que nos vamos a ver el final del electrodisgusting de LAS BISTECS (que preguntan al público por qué no están viendo a los Chilli Peppers), y después al aquelarre que perpetraron BIZNAGA, la gran esperanza guitarrera nacional del año. Sudada épica, pogos entre los 50 asistentes de la resistencia, y un divertidísimo y urgentísimo concierto para pasarlo bien. Cero arrepentimientos.
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Y si a eso le añades llegar a buen sitio para RUFUS, pues ya ni te cuento. RUFUS cerraban su gira internacional en el FIB y se lo pasaron tan bien como nosotros. Otra de esas joyas del electropop bailable que se saca siempre el FIB de la manga, y muchas veces no vuelve a aparecer en festivales patrios pese a ser seguros ganadores (hola Le Galaxie). Los Australianos nos hicieron bailar con una sonrisa en la boca, bien de subidones y bajones, bien de estribillazos, y de canciones como You were right, alargadas hasta la saciedad, para hacernos pedir la hora o que no se termine nunca. ¿En serio fuiste al FIB y no viste a Rufus?
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El final del día se acercaba y quisimos acercarnos hasta el show de uno de los productores más de moda y más en forma de UK, MURA MASA. Acompañado de una vocalista, estaba montando una fiesta bien gorda en el VISA. Bajos brutales, UK bass, un poco de hip hop, un poco de ritmos tribales, y canciones (oh, si, para bailar en la cama). Lo mejor que le ha podido pasar a 2018 es el final del Dubstep y el bailar de mal rollo y el inicio de la época del bailar sexy. Yo me entiendo.

Un paso por Biffy Clyro o ese grupo de rock peligroso para niñas (las baladas a la guitarra son de vergüencita ajena), aunque en sus momentos trallazo son una apisonadora (impresionante verles manejar los instrumentos). Not my cup of tea pero acabamos en sexta fila con toda la muchachada. Y ya para qué aguantar más.

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