Crónica FIB 2011 alababarada. El Viernes

Según la organización del FIB, este año el porcentaje de nacionalidades de los asistentes al festival se ha mantenido en un 55% de público foráneo por un 45% de público español. Y del extranjero, un 85% serían británicos, habiendo subido el número de visitantes de otros países, como Francia, Italia o Portugal. La edad media sigue siendo baja, aunque en determinados conciertos se puede ver que sigue habiendo público de más de 30 y más de 40, disfrutando igual, y con visos de repetir. Resulta curioso observar que tanto a primeras horas como a las horas del cierre el porcentaje de público nacional e internacional se invierte, con un predominio de fibers patrios bastante patente. Tras los conciertos de los cabezas de cartel, un gran río de gente se desplaza desde el escenario grande hacia la salida, y de ahí hacia el cámping. Se nota que en los festivales británicos los cabezas de cartel tocan alrededor de las 23:00 y después sólo quedan dj’s y escenarios electrónicos. Aquí muchos hasta se pierden grandes grupos como Primal Scream o Friendly Fires por puro agotamiento. Y es que estar en el cámping se nota. Y llevar bebiendo desde la mañana, ir a la playa, al Aquarama y no dormir siesta, también.
Veamos los que nos pareció la segunda jornada de Festival

El viernes comenzó para alababarada en el FIB Club viendo a O EMPEROR.

Los jovencísimos irlandeses hicieron un concierto similar al que vimos en la Sala Opal durante el Tanned Tin, aunque tampoco podrían haber añadido mucho más, ya que sólo tienen un disco en el mercado. O Emperor son una banda a seguir, sobretodo cuando tengan un repertorio consistente, ya que tocan bien, cantan bien y sólo les faltaría un puntito de empatía con el público, o un puntito más de carisma. Su pop-rock de influencias sesenteras, con mucho coro y mucha instrumentación, alcanza sus mejores cotas cuando se electrifica, cuando coge cuerpo, y su guitarrista principal tira de slide y punteos. Canciones como “Po” o “Don Quixote” podrían ser radiadas perfectamente, o sintonías de anuncios o bandas sonoras. Apostamos por estos chicos, les seguiremos la pista.

Del FIB Club nos fuimos hacia el FiberFIB (el escenario mediano) para ver a una chica tras la que ya llevábamos tiempo detrás y por circunstancias no acabábamos de encontrar el momento, AINARA LEGARDON.

Hay que ver, y que escuchar, esta última Ainara Legardon. La presentación en vivo del cuarto disco en solitario de la bilbaína llegó al FIB en formato de cuarteto de bajo incisivo y guitarras crudas. Las canciones, con sus cambios de ritmo y guitarrazos por sorpresa, recuerdan para bien a la joven PJ Harvey de “Ride of me”, cualidad que en ocasiones se vuelve en su contra por los predecibles desarrollos y la repetición sistemática de la fórmula. Lo que sí es cierto es que no se le puede negar un gran estilazo interpretativo y un importante papel en la puesta al día del noise más épico, elegante y afilado que se recuerda por estas tierras.

Poco antes de terminar nos acomodamos en el Maravillas, aprovechando que una nube solidaria pasaba por allí y tapó el Sol para deleite de público y artistas que a esa hora tocaban. Uno de nuestros platos fuertes del día se disponían a comenzar su concierto. NUDOZURDO repetían en el FIB, y allí teníamos que estar para verlo.

Y los madrileños consiguieron sin duda la etiqueta de Winners. A los seguidores nos encantaron; a los noveles, en gran parte convencieron y a más de uno les hicieron fan inmediatamente. Consiguieron un sonido difícilmente igualable o superable, por potencia y calidad. Repasaron los temas más destacables de Tara-Motor-Hembra, su último disco, así como nuevas versiones (generalmente más aceleradas) del disco que les dio la fama, “Sintética” e incluso alguna de su primer trabajo. Lo mejor, aparte del sonido, los juegos de guitarras y la voz de Leo, tan atormentada como hipnótica, las melodías que se repiten y repiten y momentazos como “Ha sido divertido”, “Golden Gotelé” o los 8 minutos de la enorme “Dosis Modernas”, con su introducción instrumental y su final apoteósico a tope de bajo. Lo mejor de la participación nacional en este FIB.

Mientras en el Escenario Maravillas aparecía un kit de mobiliario colonial para preparar el set de Brandon Flowers, nos dirigimos al escenario FiberFIB a reunirnos y cenar mientras veíamos de lejos a THE PARIS RIOTS, ese enigma hecho grupo, que tocaba en el FIB por tercer año consecutivo, y sin tener disco largo editado todavía.

Los británicos hicieron un set corto, de media hora, pero la verdad es que lo aprovecharon francamente bien. Se nota que tienen tablas, y además sacaron un sonido buenísimo y altísimo, y demostraron que a poco que les vaya bien, se pueden convertir en el próximo grupo de rock británico de los de volver locas a las adolescentes, de paso. Credenciales no les faltan: tienen presencia, voz rota a lo Kings of Leon, que además aprovechan muy bien, y canciones rockeras a tope de las de saltar y perder chanclas y baladas bonitas (en serio, “Strangers” es muy chula) de las de cantar con ojos de gatito y agarrarse a la pareja. Que les dejen un poco en barbecho y vuelvan si quieren pero con un concierto largo y en condiciones, y con disco bajo el brazo.

Y del grupo de jovenets a un grupo de viejunos, el primero del FIB, que congregó sorprendentemente a una gran cantidad de público en el escenario pequeño. THE UNDERTONES, que coincidieron (lástima) con Brandon Flowers y no lo pudimos ver. Otro año será.

Es innegable que Undertones se ganaron al público inmediatamente. Tarea fácil si observamos que los norirlandeses cuentan con un repertorio de temazos pop punk de categoría A, y un sonido que recuerda lo mismo a Ramones que a New York Dolls, e incluso a los primeros Clash, que facilitó alcanzarle la fibra al inconsciente colectivo. Al final una vuelta como viene siendo en estos casos: músicos nuevos, menos pelo y un puntito de vergüenza al observar a un señor mayor cantar cosas como “My perfect cousin” o “Teenage Kicks”, su mayores éxitos con los que por cierto, provocaron definitivamente el fervor del público fibero.

Nada más finalizar este concierto comenzaba uno de los conciertos que teníamos en fosforito más brillante alguno de los miembros de alababarada, el dúo francés HERMAN DUNE hacían su aparición en el escenario FiberFIB, en formato trío (añadieron un bajo para dar más consistencia a su sonido)

Y bien que nos ganaron los Herman Dune. Tocaron ante un buen número de asistentes, que fueron menguando a medida que el concierto de Elbow comenzaba y se acercaba por lo tanto el de los Strokes, pero nunca llegó a quedarse vacío. David Ivar se mostró como un gran frontman, un gran cantante de voz cálida y sosegada, y un magnífico guitarrista, capaz de sorprender con un solo a lo Wave Pictures, o tirar de rapidísismo arpegios para construir él solito la base de la canción si no directamente cantar un par de canciones él solo con su guitarra, ole sus narices. O incluso lidiar con problemas técnicos, al dejar de sonarle la guitarra en medio de un solo, arreglado de forma profesional y divertida por toda la banda. Tocaron las canciones más representativas de su recién estrenado “Strange moosic”, combinados con temas de algunos de sus discos anteriores. Los mejores momentos fueron sin duda cuando sonaron sus canciones más conocidas, como “My home is nowhere without you”, “Tell me something I don’t know” o la conocida “I wish I could see you soon”, con trompetista incluído, que despidieron con un “Gracias, Estrella”. Folk, antifolk, weird folk o como se le quiera llamar de calidad a la hora perfecta.

Y con una sonrisa en la boca nos fuimos hacia el Maravillas, ya de gala, a encontrarnos con parte de alababarada, y ver el concierto de otro de los grandes nombres del día, ELBOW

Los directos de Elbow son de esos que dejan sin palabras. Es tal el empeño (y el logro) en sonar perfecto, exquisito, elegante y poderoso a la vez, que uno no puede mas que quitarse el sombrero ante tanto derroche de buen gusto. Pero ahora que nos hemos visto varias veces las caras se hace complicado seguir cayendo en la trampa. A la evidente flojedad de su último álbum, que hizo difícil seleccionar temas que interpretar a la altura de clásicos mediáticos como “One Day Like This“, hubo que añadir algo especialmente irritante: la innecesaria y hasta molesta tendencia de Guy Garvey a rellenar largos minutos entre tema y tema de “ooohs” y “aaahs”, generando un coro borreguil muy poco alternativo, y pidiendo al público sus manos y sus brazos en alto, en un movimiento básico que quedaría cursi hasta en un clip de Mariah Carey. Feo, aburrido y cargante, resultó el caballero. Así que menos superstar y más música, que de eso saben ustedes un rato.

Tras Elbow nos fuimos corriendo hacia el FiberFIB a hacer una incursión relámpago, que las chicas hicieran sus necesidades tranquilamente y de paso ver un par de canciones o tres de THE STRANGLERS, que la verdad sonaban bien potentes y habían congregado a bastante más público del que me esperaba. Poco podemos decir del concierto porque poco estuvimos, sólo que nos dolió irnos hacia el Maravillas a ritmo de “Always the Sun” por no estar delante, y no haber escuchado “No more héroes

Pero es que nos acercábamos a uno de los momentos del festival, uno de los conciertos más esperados, que más expectación había levantado, y que seguro que más se iba a llenar. Así que decidimos acudir pronto y la verdad es que cogimos un sitio estupendo, y sólo nos dimos cuenta de cómo estaba eso de lleno cuando unos cuantos listos decidimos irnos a mitad para ver otras cosas. El escenario Maravillas se ponía hasta la bandera para recibir a los neoyorkinos THE STROKES.

No fue un gran concierto de The Strokes de este año. Ni arriesgaron poniendo en vivo buena parte de su estupendo (por mucho que todo el mundo se empeñe en lo contrario) nuevo disco, ni alcanzaron la actitud que tanta gloria les dio antaño sobre un escenario. Una postura que se reflejó en su sonido y alcanzó de lleno al público, pese al rosario de hits que fueron dejando caer. Un concierto que sonó a trámite contractual, con un Julian Casablancas embuchado en una chupa de cuero, sudando como un gorrino y escondido tras unas gafas oscuras de diva decadente. Lo mejor: la chaqueta de leopardo de Albert Hammond Jr. No estuvo mal, porque es que lo que hacen no está nada mal, pero no estuvo bien, porque para estar bien hay que dar mucho mucho más.

Una vez disfrutado de un buen batallón de hits antiguos y modernos de los de Casablancas & Company, algunos decidimos explorar el resto de escenarios, en el que se sucedían conciertos que por lo menos nos provocaban cierto interés.
En el escenario FIB Club comenzaban ZOMBIE ZOMBIE, el dúo francés que une batería (la misma y el mismo instrumentista que en Herman Dune) y sintetizadores analógicos para hacer una especie de electrónica orgánica, mutante y nada machacona.

El concierto comenzó algo frío, con la gente sin saber si bailar o qué hacer, pero a medida que la canción avanzaba, ya fueron respondiendo mejor. Los franceses hicieron sonar su tributo a las bandas sonoras de John Carpenter, por lo que alguna melodía resultaba conocida al público menos entendido, y hacía que la conexión fuera mayor. Pese a llevar tanto cacharro y sintetizador, y ser sólo dos, la sensación de que “le dan sólo al play” no la dieron en ningún punto, ya que se ve al pobre tocando teclados por todas partes, y tocando botones para que suenen bases, bajos, filtros, etc. Una pena que coincidieran con tantas cosas porque me habría quedado un buen rato más ante ellos.

Pero es que el señor JAMES MURPHY nos llamaba y allí que acudimos a su llamada.

Y lo que nos encontramos fue justo lo que queríamos y además necesitábamos: una sesión de electrónica basada en el disco y funk de los 70, o creada a base de bases, donde sucedían bajos, trompetas y voces para hacer mover las caderas y bailar hasta al más pintado (ojo a la frase de padre). Los entendidos de electrónica y amantes del techno debieron tirarse de los pelos ante tanto descuadre de temas al mezclarlos, pero claro, las baterías de verdad es lo que tienen. En fin, que el rato que estuvimos ante él nos lo pasamos teta, y la avalancha que vino desde el Maravillas cuando terminaron los Strokes tampoco parecían pasarlo mal.

Pero el deber nos llamaba y tuvimos que sacrificar el final de la sesión del capo de la DFA para irnos hacia un grupo que teníamos muchas ganas de ver, sobretodo a esas horas, tras su paso por el FIB de 2009. Los FRIENDLY FIRES cerraban el Maravillas esa noche, y eso no nos lo podíamos perder.

No nos lo podíamos perder porque a los hits de sus disco anterior se añadían los de “Pala” su segundo álbum, que añadía nuevas sonoridades, más tribales e incluso más tropicales en algunos puntos, y un buen puñado de nuevos temazos; porque en su nueva gira, ya con vitola de gran nombre se acompañan de un terceto de vientos que da más cuerpo a las canciones y las hace crecer en intensidad y potencia bailonga; y porque sin duda ver a su frontman, Ed Macfarlane, es todo un espectáculo, esa forma de vestirse, esa forma de moverse, de bailar (duelo de caderas locas con el cantante de Undertones), de sudar, de interactuar, de echar el resto en cada canción sin que su voz se vea afectada es digna de estudio. El hombre de las articulaciones de goma, y la camisa de casa victorianas. Y si con temas como “Jump in the pool” u “On Board” a tope de vientos fueron calentando al ambiente,el final con “Paris”, “Hawaian Air” y de regalo” Kiss of Life” ya prendieron fuego al escenario. Pies para tirar y caderas a la virulé. Y sonrisa en la boca, claro. Vivan los grupos divertidos, leñe.

Y para el FiberFIB que nos fuimos de nuevo para ver qué nos ofrecía THE JUAN MACLEAN en su sesión de dj. Tras la decepción de saber que no venía con banda, nos quedaba ver qué tal se le daba esto de pinchar ante grandes masas ansiosas de fiesta. Y, para nuestro gusto, bien que lo hizo. Con el capo de su sello a su lado gran parte de la sesión, fue soltando hits de electrónica “elegante”, no machacona, incluso coreable (esos Bee Gees), canciones propias (“Happy House”) y ajenas (DFA Power), muy divertido, muy ameno, muy fácil de bailar.

Poco antes de terminar nos fuimos a descansar, que quedaban dos días y queríamos no perdernos nada. Que el FIB es una carrera de fondo. Mientras íbamos andando rumbo a nuestros aposentos, pudimos intuir el cambio de dj, ya que de repente dejó de sonar un bombo 4 to the floor para ir mutando en diversos ritmos más impredecibles. Parece ser que MARY ANNE HOBBS hizo una gran sesión en el FIB.

Textos por Acid Queen y maiquel_nait
Fotos: Mari Lúmix (Inicio, O Emperor, Ainara Lagardon, Nudozurdo)
Resto: Liberto Peiró y Ócar L. Tejeda, extraídas del Flickr oficial del FIB

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