Crónica alababarada FIB 2010. El Jueves

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FIB 2010

Crónica de Acid Queen, Antoñita la Fantástica y Maiquel_Nait
Fotografías de Mari Lúmix

Pues otra muesca en la pistola, otra pulsera en el cajón y otro FIB a las espaldas. El FIB Heineken 2010 ya es historia y alababarada volvió a estar allí para vivirlo y por supuesto para contarlo.
Las cifras oficiales hablan de un descenso de casi un 40% de público con respecto al año anterior. Si ellos lo dicen, verdad será, pero claro, es que lo del año pasado fue lo raro, y fue excesivo. Este año por contra se ha estado mucho más cómodo en un recinto pensado para 45-50.000 personas, donde hubo 35.000 como máximo, y por tanto nos hemos podido mover cómodamente, coger sitio sin problemas, pedir, sentarnos y mear (no a la vez) sin apenas colas, comer lo que hemos querido, cuando hemos querido, y disfrutar de holgura en prácticamente todos los conciertos, con espacio para bailar o al menos cambiar de posición para relajar las piernas. La organización ha sido prácticamente perfecta, aunque ha escatimado en producción (no hay gradas, ni pantalla tras el Verde o a los lados de los escenarios pequeños, horarios y autobuses de pago o Festival de cortos de pago (aunque con truco, ya que a cambio conseguías un DVD)) son las cosas más reprochables. Por el contrario, felicitar a la organización por el sonido, muy mejorado con respecto al año pasado, de todos los escenarios, que este año, por primera vez, eran descubiertos.

Y al ser descubiertos, llegar a primera hora era todavía más heroico, porque no había manera de huir del intenso sol y calor que nos ha acompañado durante todos los días del FIB. Pero como alababarada es por naturaleza ansias en general, ahí estuvo todos los días desde primera hora para poder contar desde el principio todas las jornadas. Los cierres que os los cuenten otros, si se acuerdan. No se puede llegar a todo.
El FIB Heineken 2010 comenzó musicalmente hablando con el trío formado en Bélgica pese a que ninguno de sus componentes son de esa nacionalidad Puggy, que nos sorprendieron gratamente, y pensamos que con un poco de apoyo y de suerte deberían dar un salto en cuanto a popularidad, ya que tanto sus canciones como su actitud y su destreza con voz e instrumentos así lo merecen. Son un trío, cantan los tres (algunos sólo coros, pero cantan), y hacen un pop enérgico y acústico, bailable y experimental, a ratos. El teclista-guitarrista-voz destaca por la destreza con la guitarra, sobretodo, haciendo solos rockerísimos con la acústica de esos de dejarte pasmao. Canciones con madera de himno como “I do” o “When you know” hicieron hacer pegar los primeros bailes y levantar los primeros aplausos a un público no muy numeroso pero ya con ansias de ver y escuchar cosas interesantes. Los esperamos de gira pronto.

Puggy

El periplo alababariense, tras recorrer el recinto y ver las 4 tiendas que había este año nos llevó al mismo escenario donde habíamos estado antes, para ver a Cohete, una de las sorpresas del pop nacional de 2009. Se acompañaban esta vez por dos músicos que tocaban viento metal, y le daban más empaque y matices a las canciones. El concierto no acabó de funcionar, no por falta de ganas o de pericia, sino por falta quizás de repertorio, ya que muchas canciones comenzaron a sonar iguales entre ellas. Buenos momentos ya esperados con “Un mamífero magnífico”, por ejemplo, pero les faltaría algún cambio de sonoridad o de instrumentación para dotar de más variedad al conjunto.
Cohete

Tras más de media hora ante Cohete, decidimos ir hacia el escenario Fib Club a ver al irlandés Jack L. De negro riguroso y bajo un no menos riguroso sol de media tarde, Jack Lukeman desgajó una decena de preciosas canciones, largas y con desarrollos crecientes y finales reconocibles, realmente bien conseguidas. Con una voz de gran porte, muy Bowie crooner, muy Cash romántico, presentó sus temas acompañado únicamente por su guitarra (fiera y profunda como su voz) y un excelente pianista. Piezas que circulaban libremente entre el cabaret country y la canción francesa. Posiblemente no era el mejor lugar ni la mejor hora, pero al verle pensé: de haberme tropezado con él en un humeante tugurio casual de una gran ciudad, habría sucumbido a sus actos sin dudar.
Jack L

Nuestro primer contacto con el Escenario Verde fue para ver a Southern Arts Society, el proyecto sevillano del capo de Green Ufos, Andrew Jarman. Poco había escuchado yo de ellos pero lo que vi me gustó, sobretodo cuando se pusieron más experimentales y más cercanos a la Velvet Underground que cuando hacían rock sin más. Andrew estuvo siempre muy comunicativo con el público (siempre en inglés, eso sí) y éste fue creciendo en número a medida que el concierto avanzaba. “Satelites and Shooting Stars”, “The Cazador” y sobretodo “The Window”, lo más parecido a un hit que tienen, como bien ellos mismos dijeron al presentarlo, destacaron y mostraron la calidad de la banda a propios y extraños.
Southern Arts Society

Y siguiendo nuestro periplo de música nacional en el FIB, llegamos de nuevo al FiberFIB (la ex carpa grande) a ver a El Hijo. Abel Hernández, con pelazo y flequillazo se centró sobretodo en su último trabajo, Madrileña, al que añadió unos arreglos cuanto menos curiosos para su directo. Una especie de xilófono de madera y varios instrumentos de percusión africana (no tambores ni timbales) daban un toque distinto a sus canciones, y más personal. Un sonido fantástico, su voz y unas canciones acústicas sin grandes estribillos hicieron de este un concierto perfecto para ver sentado en el ardiente asfalto, mientras anochecía en Benicàssim.
El HIjo

El Escenario Verde se disponía a recibir a la primera gran estrella del cartel, la hijísima Charlotte Gainsbourg, y para allá que fuimos.
Decepcionante Carlota. Pese a lo solvente de la banda que le acompañaba, y lo delicioso del repertorio esperado, la Gainsbourg resulta excesivamente pavisosa en el escenario. Una sobreactuada sosez que acabó impregnando todo cuanto sonaba. No es que tenga poca voz, que también, (una locura sonorizarle el micro a esta chica) es que no se puede tener tan poca madera de artista, y cargarse así los más básicos fundamentos de la herencia genética. Todo lo que le sobra a Florence (es un ejemplo), le falta a Charlotte (un trasvase humildad/soberbia entre ellas sería perfecto). De hecho, el show se mantuvo por la banda, por algunos de sus temas, y por las dos versiones de papá que nos regaló: “L’Hotel Particulier”, inmensa canción en una versión muy correcta, y la excitante “Couleur Café”, entre percusiones latinas que elevaron algo el nivel y sirvió para cerrar. Decepcionante es la palabra, sí.
Charlotte Gainsbourg

Poco antes de terminar la Gainsbourg, alababarada se desintegró por puro afán informativo, y parte fuimos a ver a Brendan Benson, que se presentó en Benicássim en formato trío (él a la guitarra y voz, más batería y teclados) Su concierto fue un recorrido por sus cuatro discos en solitario, haciendo hincapié en los medios tiempos y los momentos más melódicos, intercalándolos con algunos más rockeros y acelerados, lo que hizo disfrutar de todas sus formas de entender el rock. Con porte impecable, pelazo al viento y elegantemente vestido con un traje blanco, con cara de estar encantado y con su mujer e hijo de pocos meses bailando en el backstage, el rock americano de corte clásico desembarcó en Benicàssim de forma sutil pero efectiva.
Brendan Benson

El primer gran llenazo del FIB 2010 se produjo no en el escenario Verde, sino en el FiberFIB, y poco ayudado por el público británico. Love of Lesbian se dieron el primer gran baño de masas del festival, donde se vieron los primeros lanzamientos de litros de cerveza al cielo, los primeros bailes palmas arriba y los primeros karaokes indies a grito pelao. Los catalanes hicieron un concierto al uso, de grandes éxitos de sus discos en castellano, comenzando con algunos más tranquilos y melancólicos, y desatando la locura al final encadenando hits como “Club de fans de John Boy”, “Me amo”, dedicada a Iniesta, y el clásico baile disfrazados, y en playback, con “Algunas Plantas”. Nada nuevo bajo el sol, pero efectividad pura. Y merecida, también.
Love of Lesbian

15 minutos después de comenzar los Lesbianos, el Verde se vestía de gala para acoger a una de las grandes estrellas de la edición 2010, Ray Davies. No cantó “Days”. Pero sí “Lola”, y “Come dancing”, y “You really got me”. Y estuvo divertido y disfrutando, y con unos sesenta y seis años estupendamente llevados (alguien del público lanzó una barrita fluorescente de esas que venden, y la cogió al vuelo y sin inmutarse, mientras presentaba una canción. A cualquiera de nosotros nos hubieran sacado un ojo sin dificultad). Davies vino acompañado de una banda fantástica y con un directo muy currado, el viejo trovador inglés, autor de algunos de los más memorables temas de la historia del pop (“Days”, por citar una que no cantó), y creativo personaje, arriesgado e innovador, desgranó lo mejor de su carrera al frente de The Kinks. Se echaba de menos la aparición de algún mito viviente por los escenarios del FIB, y el reencuentro con tan sana costumbre no pudo ser mejor. Y todo eso a pesar de no cantar, no sé si lo he dicho, “Days”. Aunque en su lugar se marcó un “Sunny Afternoon” que quedará grabado en mi memoria para siempre. A pocos clásicos he visto yo entusiasmar tanto a tantas generaciones en un mismo momento. Por algo será.
Ray Davies

Tras el huracán Ray Davies, decidimos descansar un rato y nos perdimos a Dirty Projectors y The Temper Trap, cosa que ahora no nos perdonamos, pero entonces ni nos planteamos, por pura supervivencia. Media hora más tarde salían a escena los cabezas de cartel (según el tamaño de letra) del Jueves, los británicos Kasabian, ante la algarabía, el gozo y la locura de sus compatriotas, que se gastaron decenas de tickets en litros para tirar. Fue tan hipnótico como incomprensible y asquerosillo, eso sí.
Kasabian salieron al escenario a lo grande, a ritmo de “Shoot The Runner“, con su cantante disfrazado de Chris Martin y tres poses mesiánicas y de superstar de las que no supo salir. Su condición de cabezas de cartel hizo que la duración de su concierto se fuera más allá de la hora y media, por lo que les dio tiempo a repasar su último trabajo y sacar lo mejor de sus dos anteriores; lo que se conoce como un concierto de hits, con el añadido de cositas del último disco. Sobre el papel pinta bien, pero se vieron lastrados por dos cosas: el sonido, algo bajo (única vez en todo el Festival en este escenario) y algo enrmarañado en ocasiones, y ellos mismos, que se dedicaron a alargar incomprensiblemente toooodas las canciones que olían a hit, repitieron poses y escenitas, y pifiaron más incomprensiblemente todavía alguno de sus grandes canciones (El estribillo de “Empire” no tuvo el punch exigible, “Vlad the Impaler” sonó calcada a “Underdog“,…) Los guiris lo vivieron como lo más grande acontecido sobre la tierra, con escenas por las pantallas que parecían más la Tomatina de Bunyol que un concierto, y lo cierto es que no fue del todo malo (El comienzo de los bises con “Fire” fue apoteósico), pero sí decepcionante. Y sobretodo cuando el concierto sale perdiendo con respecto al que dieron en 2005, y más si es por sonido y por pose, mucho menos creíble y menos honesta que aquella de pseudohippies con la que se dieron a conocer. Y lo de no sacar nunca en pantallas al de los teclados, al bajo y al segundo guitarra era por algo? Es que el peso de la parte musical de las canciones las llevaban ellos, pobres, y un poco más y no les dejan ni saludar.
Kasabian

Y para cerrar el Verde, una de esas propuestas que no pegan por la hora, pero que acabas celebrando porque gracias a esa hora todo el mundo menos quien quiere verlos (bueno, y el guiri que subió al escenario a saludar) se ha largado a otros escenarios a darlo todo, o directamente a dormir porque no tienen nada más que dar. Y allí nos quedamos un cuarto de esplanada disfrutando de uno de los conciertos del Festival, el que dieron el dúo formado por James Mercer y Danger Mouse, acompañados de una nutrida y fantástica banda, que sacaron un sonido que rozó la perfección durante casi todo el concierto (hubo una canción que el bajo se comió a los demás, pero sólo una). Su pop con toques soul y electrónica analógica casera (permítaseme semejante chorrada) nos hicieron, por un momento, revivir aquel gran momento Beth Gibbons en el FIB, a última hora, con una música tranquila que no aburrida, disfrutable, perfectamete interpretada y con una voz al frente de las de dejar huella. Por falta de repertorio, recurrieron a versionear “You really got on Me” de Smokey Robinson and the Miracles. Grandes Broken Bells, esperemos que el proyecto tenga continuación
Broken Bells

Lo que no tuvo continuación fue nuestra estancia en el recinto. Estar allí desde las 18:00 a plena solana ayuda a dejar a la muchachada bailar y dar botes con lo que quedaba. Además que el dubstep tampoco es lo nuestro, aunque las crónicas hablan maravillas de esa noche en el apartado electrónico. Quizás en otra ocasión, ahora a dormir con buenas sensaciones tras la primera jornada de FIB.

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Comentarios:

Que bien nos lo pasamos el jueves, un día que a priori era flojo para mí… Estupendo Broken Bells, fué de lo que más me gustó de ese día. Grato descubrimiento Jack L y que bonito lo del hijo. Lo de Temper Trap me da rabia porque a mí Kasabian no me terminan y me fuí a dar una vuelta por ahí, no pensé en ir a verlos… jo!

El ambiente en general muy bien, la gente con ganas de pasarlo bien pero sin hooliganismos, seguían habiendo descamisados y algún disfrazado pero también se veían gente vestida muy mona y conjuntada.. ¿como pueden ir tan planchados durmiendo en el camping?

Nombrar puesto de comer nuevos como el del medio metro de carne y medio metro de queso y el puesto de pollos asados con patatas, también nombrar ausencias como el asturiano…. no se puede tener todo…

Lo dijo gatita norte el 25.07.2010 a las 21:27

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